viernes, 28 de mayo de 2010

Crónicas de una noche de luna llena

Entramos a comer a un restaurante Italiano, en la avenida las Palmeras. Yo pedí unos espaguetis con salsa al pesto y ella unos ravioles, le dije al camarero que me trajera también dos vasos de Vino tinto, semi seco. Pues festejábamos con mi novia lo que seria la primera noche junto como pareja, conversamos y reímos mucho durante la cena, dijimos cosas que no podíamos decir antes debido a nuestra condición de amigos.

Fuimos honestos y recordamos cosas que nos llevaron a esto como el día que llegamos tarde al concierto de Aventura, las veces que jugábamos en el salón de clases mientras una aburrida teacher en el ingles explicaba algun tema del pressent continius. Recordábamos también lo frustrados que quedamos cuando no pudimos ir a ver tocas a Zen, Amen y Mar de copas en una discoteca limeña.

Pasamos una velada maravillosa jamás había llevado a nadie a comer espaguetis y menos a festejar con vino el inicio de nuestra relación. Al llegar las cero horas decidimos brindar por la alegría y felicidad que ambos sentíamos por nuestra unión y esperando tenga buen futuro. Decidimos con ese brindis dar por concluida esa maravillosa noche ya que iniciábamos un nuevo día y habían rutinas que cumplir.

Salimos del restaurante y tomamos un taxi hasta su casa, sin saber lo que me esperaba, al llegar le pedí que bajara mi ordenador que horas antes había dejado a su resguardo. Ella bajo por esas escaleras y pensé en lo terrible que iba ser despedirme de ella con lo mucho que quería permanecer a su lado. Yo decidí permanecer en silencio y me dedique a observar su lindo rostro, esos grandes ojos color miel, su cabello lacio y castaño oscuro, su sonrisa tierna y sus labios que ahora no eran tan ajenos a mis besos. La abrase con ternura mientras le decía al oído que la extrañaría horrores y que en las próximas horas solo esperaría el momento de volverla a ver. Ella respondió diciéndome que para ella también sería un largo día, y que escribiría recordándome lo mucho que me extrañaría.

Decidí soltarla y darle un ultimo beso y mientras veía esa puerta cerrar decidí emprender mi camino a casa, viendo el reloj y algo preocupado por de la MacBook que llevaba en el morral, decidí acelerar el paso. Y mientras caminaba a pasos agigantados pude observar a un hombre que se escondía al otro lado de la esquina. Él, a quien no había reconocido hasta el momento, me provoco un gran susto y miedo, pensé en todas las posibilidades malas. Al acercarme simplemente decido cruzar del otro lado y pude observar que aquel sujeto me seguía mientras cruzaba la calle. Él a quien reconocí solo después de un rato era el ex enamorado de mi actual novia, a quien alguna vez había visto con ella por esas casualidades de la vida. Me abordo de sorpresa y antes que pudiera reconocerlo me dijo si podíamos hablar, yo al inicio no entendí a lo que ser refería, no sabia que decir, paso entonces un auto y por mi mente la idea de subirme al coche fue clara, pero algo dentro de mi me decía que debería de afrontar la situación, yo y mucho menos ella, estábamos haciendo nada malo, ella lo había dejado ya hace algún tiempo y si tenia algo que decirme creí que no seria nada bueno, por lo que mi curiosidad se incremento y acepte su tregua.

Él era un sujeto de mediana estatura y de perfil delgado, usaba unos anteojos negros con bordes blancos. A diferencia mía que soy mas bien mucho mas alto que él y de masa corporal mas fuerte, lo cual me ponía en una situación de ventaja frente a alguna posible actitud agresiva que podría tener. Recuerdo que Llevaba puesto zapatillas deportivas, un blue Jean Azul claro, y una polera de color plomo, con una insignia en la parte derecha de una marca que no pude reconocer producto de haber sido comprada probablemente en alguno de esos centros comerciales limeños para gente de clase muy sencilla.

Me pidió que camináramos y cruzáramos la avenida en la cual me había abordado, a lo que respondí que no era necesario, pues al cruzar nos encontraríamos en un lugar algo oscuro, lo cual no me ponía en ventaja y objete diciéndole que no era necesario, que lo si hay algo que el me tenga que decir lo hiciéramos ahí donde había mucha luz y los corchas iban y venían, donde una tienda se encontraba abierta y seria de gran refugio por si sucedía algún incidente desagradable.

Note al sujeto algo excitado, desesperado, angustiado, agresivo, hablaba mirando al suelo, y con movimientos corporales que me hacían pensar que no estaba bien emocionalmente, vacilaba al hablar y se movía de un lado al otro como si no podría controlar sus movimientos. Pensé en lo peor, creí que me golpearía, se notaba la agresividad de su personalidad en su tono de voz, en los movimientos de manos que hacia. Decidí guardar distancia y obviamente espetar preparado para lo peor, si decidía golpearme no me encontraría desprevenido, había analizado las circunstancia y hasta encontrado un lugar donde poner el morral con el ordenador mientras probablemente nos amarrábamos a trompadas, donde descargaría los tres años de entrenamiento arduo y doloroso del arte marcial que practico hasta ahora. Por que obviamente no iba permitir que me ofendiera y mucho menos que se expresara mal de ella.

El inició preguntándome cuales eran mis intenciones para con ella, a lo cual yo respondí con la mayor sinceridad del mundo y dije que eran las mejores, y que… Él no dejo que terminara y interrumpió para decirme que “ No iba permitir que ni yo ni nadie le quitara a su mujer que iba hacer todo lo que este a su alcance para impedirlo”. Me pregunto también si yo, como hombre notaba algún interés de parte de ella, para ser mas exacto si ella correspondía a mis intenciones, a lo cual decidí simplemente no responder y decirle que eso se lo tendría que preguntar a ella, que yo era ajeno a la respuesta de esa pregunta. El hablaba cosas incoherentes que no podía entender.

No te que se agitaba mas y procuraba estará mas atento a sus movimientos observando una y otra vez los movimientos de sus manos, pues me preocupaba que no me mirara a la cara mientras hablaba, creí que en algún momento voltearía y lanzaría un golpe, es lo que se suele hacer. Retrocedí tomando precauciones mientras el me decía que “ella era una chica especial, que era estudiante de medicina en san marcos y ...”. Yo le respondí que para mi eso no era algo de otro mundo, que también yo he alcanzado mis metas, que cuento con una licenciatura en Perú y una Maestría en una universidad Europea. Que es verdad y que ella es linda, tan linda como para luchar también por ella si eso era lo que el proponía.

El sugirió que me ponga en su lugar, a lo cual respondí diciéndole que si estaría en su lugar me pondría los pantalones y dejaría de dar pena, que es de hombre también saber perder, y que cuando a mi me ha tocado estar de ese lado de la moneda, he dado un paso al lado y he decidido seguir mi camino sin resentimientos, porque si digo que verdaderamente amo a alguien, debo creer también en que si la felicidad de mi pareja no es a mi lado entonces debo dejarla ir, porque aquello ya no pertenece mas a mi vida y porque su felicidad también será la mía. A pesar de que no sea a mi lado.

El decidió abordar el tema y me dijo si tenía algo con ella, si había pasado algo entre nosotros, a lo cual también preferí quedar en silencio y no contarle que horas antes brindábamos por muestra unión. Decidí no hacerlo porque simplemente no tendría que ser yo quien se lo diga, no era la persona indicada para darle la noticia. Era ella quien mirándolo a los ojos y apostando en su decisión y nuestra felicidad tendría que decírselo.

El sujeto termino diciendo que ya no tenia nada mas que hablar conmigo y yo respondí deseándoles buenos augurios. A lo cual es dijo, “gracias, pero yo a ti no te deseo suerte”.

Y yo termine diciéndole que agradecía su sinceridad le di un apretón de manos y subí al próximo taxi.

Desde aquel día camino armado, solo por precaución.

2 comentarios:

Kharo dijo...

Te recomiendo que vuelvas a leer el trasantepenultimo parrafo.

Kharo dijo...

El sugirió que me ponga en su lugar...